Palabra fiel es esta: Si alguien aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. — 1 Timoteo 3:1
Muchos hombres que aman al Señor se preguntan si deberían dedicar su vida al ministerio. Tal vez disfrutan enseñar la Biblia, otros reconocen en ellos ciertos dones, o simplemente sienten un creciente deseo de servir a la iglesia. Según Pablo, ese deseo, con las intenciones adecuadas, es bueno. Pero, sin importar si está considerando el ministerio, o lleva décadas en él, desear una buena obra también exige comprender la seriedad de esa obra.
Ser pastor-maestro no consiste simplemente en hablar bien delante de una congregación. El ministro es un heraldo de la verdad divina. Debe abrir la Escritura y explicar al pueblo lo que Dios ha dicho. Por eso, Santiago advierte: “... no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Stg 3:1). Y por eso Pablo exhorta a Timoteo a presentarse delante de Dios “como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti 2:15).
Ese llamado necesita ir acompañado de preparación. Un hombre puede tener buenas intenciones y, sin embargo, interpretar mal un texto. Puede tener facilidad para hablar y todavía no estar preparado para enseñar. El pastor-maestro debe comprender la verdad, sostenerla, y saberla aplicar, para poder exhortar con sana doctrina y refutar a quienes la contradicen (Tit 1:9).
La preparación no se hace en aislamiento
El patrón del Nuevo Testamento es profundamente pastoral. Pablo formó a Timoteo y después le encargó: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti 2:2). Así, un hombre fiel enseña a otro, para que este pueda enseñar a otros, sea en la iglesia local o en el seminario, donde Dios provea esa formación.
Es precisamente aquí donde un buen seminario puede prestar un servicio valioso. No reemplaza a la iglesia local, no produce el llamado de Dios y no convierte automáticamente a un estudiante en ministro. Pero puede poner a un hombre durante años bajo pastores-maestros maduros en carácter y en doctrina que le enseñen a estudiar las Escrituras con precisión y le den herramientas para toda una vida de ministerio.
Aprender hermenéutica, Biblia, teología, exégesis, idiomas originales y predicación no debe tener como único objetivo el sumar conocimientos, sino servir mejor a las personas. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina. — 1 Timoteo 4:16
Por eso, la mejor pregunta no es: “¿Necesito ir al seminario?”. La pregunta más útil es: “¿Cómo puedo prepararme de la mejor manera para la obra que Dios me llama a realizar?”.
Si va a enseñar la Palabra de Dios durante años, prepárese para manejarla con cuidado y precisión. Si va a aconsejar, discipular, corregir y proteger al pueblo de Dios, busque ser formado bajo el modelo bíblico. Si algún día dará cuenta al Señor por las almas confiadas bajo su cuidado, la preparación de hoy puede ser una de las mejores maneras de servirlas fielmente mañana.
Acerca del Autor
Julián Durán
Decano AcadémicoDecano Académico de Semdex. Graduado de la Maestría en Divinidad del Southern Baptist Theological Seminary y The Master's Seminary.