Todo pastor tiene la misión de apacentar al pueblo de Dios. Cuando un hombre recibe el llamado del Señor al ministerio, se convierte en un administrador de Sus misterios, alguien de quien se demanda fidelidad en lo que proclama y vive (Hch 20:28, 1 P 5:2–4, 1 Co 4:2).
A lo largo de la historia, los hombres en su sabiduría han desarrollado teorías y técnicas acerca de la predicación; incluso hoy se siguen escribiendo cientos de libros y cursos acerca del tema. Pero, ¿cuál es el modelo bíblico para predicar?, ¿cuál es la predicación que Dios aprueba y respalda? Gracias a Dios, de la mano del apóstol Pablo, podemos observar tres marcas de la predicación fiel de la cual Él se agrada en 1 Corintios 2:1–5.
La predicación fiel proclama a Jesucristo crucificado
Pablo tuvo la misión de predicar el Evangelio a los griegos en Corinto, en medio de una cultura que exaltaba la retórica y la filosofía. Sin embargo, el apóstol sabía que el Evangelio de Jesucristo no requería de adornos, ni que la palabra de Dios necesitara maquillaje. En lugar de buscar el favor de los hombres enredándose en la sabiduría humana, fue directo a proclamar el testimonio de Dios, el mismo que hoy tenemos en las Escrituras.
Pero fue aún más allá. Su mayor prioridad era conocer profundamente a Cristo en las Escrituras y sumergirse en la insondable sabiduría de Su sacrificio expiatorio en la cruz. Aunque la cruz era un concepto chocante para los judíos y los griegos, ya que denotaba maldición y muerte, Pablo la abrazó como su gran tesoro, pues todo el testimonio de Dios en la Escritura apunta hacia la suprema persona de Jesucristo. Siguiendo sus pasos, todo predicador que quiera ser hallado fiel debe enfocarse en conocer a Cristo, por medio del estudio detallado de la Biblia y de la proclamación del Evangelio sin los adornos de sabiduría humana.
1 Corintios 2:1–2: Por eso, cuando fui a ustedes, hermanos, proclamándoles el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría. Porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y Éste crucificado.
La predicación fiel depende del poder de Dios
1 Corintios 2:3–4: Estuve entre ustedes con debilidad y con temor y mucho temblor, y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder...
Pablo era un hombre de cerca de 50 años cuando estuvo en Corinto, tenía dos viajes misioneros encima, había sufrido flagelación y apedreamiento; las cargas de las iglesias que había plantado se estaban agolpando en sus hombros. Él no se hizo fuerte delante de los corintios —posiblemente estuvo enfermo delante de ellos—, pero seguía en pie, porque si aún seguía con vida, era para predicar el Evangelio.
En medio de una cultura que cada día exalta más a los predicadores por sus capacidades de carisma, juventud, intelecto o apariencia, el apóstol nos recuerda que el verdadero predicador depende del poder de Dios. La predicación que exalta al predicador es infiel, pues roba la gloria a Dios para dársela a un hombre. Pero la predicación fiel depende del Todopoderoso, desata el poder de la Palabra inspirada por el Espíritu y confía en el poder del Señor para transformar los corazones de quienes oyen. Esta predicación es fiel, porque exalta a Dios, no al hombre.
La predicación fiel establece la fe de la iglesia en Dios
1 Corintios 2:5: para que la fe de ustedes no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Pablo se mostró tal y como era, un hombre común y corriente, para que todos notaran que él no era la fuente del poder. Fue sostenido para que los corintios supieran que el poder viene de Dios, con el fin de que la fe de ellos estuviera en Él. Contraria a la forma en la que el mundo hoy exalta desmedidamente a los hombres por su posición en el ministerio, la predicación fiel afirma la fe de la iglesia en Dios y no en el hombre.
Así, el modelo bíblico para predicar es el que hemos recibido de los apóstoles. La predicación que Dios aprueba y respalda es la que depende de Su poder y, por tanto, proclama la Escritura en lugar de pensamientos de hombres para guiar a la iglesia a poner su fe en Dios. Rescatemos estas tres marcas de la predicación fiel en nuestros púlpitos, para que las personas que ministramos vean a Jesucristo y pongan su esperanza en él.
Acerca de los Autores
Julián Durán
Decano AcadémicoDecano Académico de Semdex. Graduado de la Maestría en Divinidad del Southern Baptist Theological Seminary y The Master's Seminary.
Sergio Castrillón
Profesor de SemdexMiembro de la Iglesia Comunidad de Gracia Bogotá, donde sirve en las áreas de enseñanza y alabanza. Es graduado de la Maestría en Divinidad con énfasis en Estudios de la Gran Comisión del Southern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Diana, tienen dos hijos.